Santo de hoy 28 de Junio – San Ireneo de Lyon



El Papa Benedicto XVI, en su catequesis sobre San Ireneo del 28 de marzo de 2007, recordaba las particularidades del gnosticismo que conoció este santo: "La Iglesia del siglo II estaba amenazada por la gnosis, una doctrina que afirmaba que la fe enseñada por la Iglesia no era más que un simbolismo para los sencillos, que no pueden comprender cosas difíciles; por el contrario, los iniciados, los intelectuales -se llamaban "gnósticos"- comprenderían lo que se ocultaba detrás de esos símbolos y así formarían un cristianismo de élite, intelectualista". Ireneo denunció ese "cristianismo dualista", contaminado por la división -iniciados versus legos- y peligroso para la unidad de la Iglesia en torno a la verdad que le ha sido confiada.

Heredero de los Apóstoles

San Ireneo nació en Asia Menor en la primera mitad del siglo II. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero se conviene en que fue alrededor del año 125. Recibió una educación esmerada y alcanzó un gran conocimiento de las Sagradas Escrituras y el saber de su tiempo, centrado en la búsqueda filosófica. San Policarpo, Obispo de Esmirna, fue su maestro y formador.

Conocemos su vida y obra gracias a las notas biográficas transmitidas por Eusebio de Cesarea en el quinto libro de su "Historia eclesiástica", cuya fuente es el mismo Ireneo.

No hay plena certeza de cómo ni por qué dejó el Asia Menor y llegó a las Galias (Francia). Hay seguridad, sí, de que estuvo allí en calidad de presbítero. Durante la persecución de Marco Aurelio, fue enviado con una carta para el Papa a Roma, por lo que probablemente se salvó de ser ajusticiado como muchos otros. Tras el martirio de San Potino, Obispo de Lyon, Ireneo lo sucede en el cargo.

Como pastor su labor fue notable. Se propuso dos cosas: "Defender de los asaltos de los herejes la verdadera doctrina y exponer con claridad las verdades de la fe" (Papa Benedicto XVI, 28/03/2007).

Teólogo eminente

Durante la paz religiosa que siguió a la persecución de Marco Aurelio, el obispo repartió esfuerzos entre la sede episcopal y su labor de intelectual cristiano. Dos grandes obras suyas han llegado a nuestras manos: "Contra las herejías" y "La exposición de la predicación apostólica". Especialmente esta última puede ser considerada una suerte de primer catecismo de la doctrina cristiana.

En el mismo sentido, el aporte del santo ha sido crucial para el establecimiento y delimitación de lo que está al centro de la doctrina de la Iglesia, la denominada "regla de la fe" -lo que se expresa en el Símbolo de la fe o Credo- y de su transmisión.

La tradición de la Iglesia lo cuenta entre los mártires.  

PONENTE: Pastoral de la Comunicación

Santoral de hoy, Santoral del día.