Rezo de Laudes 07 de diciembre 2024
TIEMPO DE ADVIENTO
SÁBADO DE LA SEMANA I
Del propio del Tiempo. Salterio I
7 de diciembre
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Ant Al Rey que viene, al Señor que se acerca,
venid, adorémosle.
-Salmo 94--
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Ven, Señor, no tardes,
ven, que te esperamos;
ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.
El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos
porque han matado al Amor.
Envuelto en noches sombrías,
gime el mundo de pavor;
va en busca de una esperanza,
buscando tu fe, Señor.
Al mundo le falta vida
y le falta corazón;
le falta cielo en la tierra,
si no lo riega tu amor.
Roma el cielo su silencio,
baje el rocío a la flor,
ven, Señor, no tardes tanto,
ven, Señor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1 Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
- Salmo 118 -
Te invoco de todo corazón;
respóndeme Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa; escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1 Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Ant. 2 Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Cántico.
Ex. 15,1-4. 8-13. 17-18
Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado al mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Él es mi Dios yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es "El Señor".
Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
Decía el enemigo: "Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano."
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.
¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿ Quién como tú, terrible entre los santos,
temibles por tus proezas, autor de maravillas?
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
lo llevaste con tu poder hasta tu santa morada.
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2 Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Ant. 3 Alabad al Señor, todas las naciones. +
- Salmo 116 -
Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamadlo, todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 Alabad al Señor, todas las naciones.
LECTURA BREVE
Is 11, 1-3a
Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz
brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del
Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíri-
tu de consuelo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de
temor del Señor.
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas de san Ambrosio, obispo
Has recibido la carga del sacerdocio. Sentado en la
popa de la Iglesia, gobiernas la nave en medio de las
olas que la combaten. Manten firme el timón de la fe,
para que las fuertes tormentas de este mundo no te ha-
gan desviar de tu rumbo. El mar es ciertamente grande
y dilatado, pero no temas, porque él la fundó sobre los
mares, él la afianzó sobre los ríos.
Por ello no es de extrañar que, en medio de un mun-
do tan agitado, la Iglesia del Señor, edificada sobre la
roca apostólica, permanezca estable y, a pesar de los fu-
riosos embates del mar, resista inconmovible en sus ci-
mientos. Las olas baten contra ella, pero se mantiene
firme y, aunque con frecuencia los elementos de este
mundo choquen con gran fragor, ella ofrece a los ago-
biados el seguro puerto de salvación.
Sin embargo, aunque fluctúa en el mar, se desliza por
los ríos, principalmente por aquellos ríos de los que dice
el salmo: Levantan los ríos su voz. Porque existen unos
ríos que manan de aquel que ha tomado de Cristo la
bebida y ha recibido el Espíritu de Dios. Éstos son los
ríos que, por la abundancia desbordante de la gracia es-
piritual, levantan su voz.
Y existe también un río que se precipita entre sus san-
tos como un torrente. Y existe un río que, como el co-
rrer de las acequias, alegra al alma pacífica y tranquila.
Todo aquel que recibe de la plenitud de este río, como
Juan Evangelista, como Pedro y Pablo, levanta su voz;
y, así como los apóstoles pregonaron por todos los con-
fines de la tierra el mensaje evangélico, así también éste
se lanza a anunciar esa Buena Nueva del Señor Jesús.
Recibe, pues, de Cristo, para que puedas hablar a los
demás. Acoge en ti el agua de Cristo, aquella que alaba
al Señor. Recoge el agua proveniente de diversos luga-
res, la que derraman las nubes de los profetas.
Todo aquel que recoge el agua de los montes, el que
la hace venir y la bebe de las fuentes, la derrama luego
como las nubes. Llena, pues, de esta agua tu interior,
para que la tierra de tu corazón quede humedecida y re-
gada por sus propias fuentes.
Para llenarse de esta agua es necesaria una frecuente
e inteligente lectura; así, una vez lleno, regarás a los
demás. Por esto dice la Escritura: Si las nubes van lle-
nas, vierten lluvia sobre la tierra.
Sean, pues, tus palabras fluidas, claras y transparen-
tes, de modo que tu predicación infunda suavidad en los
oídos de tu pueblo y con el atractivo de tus palabras lo
hagas dúctil. De este modo te seguirá de buen grado a
donde lo lleves.
Tus exhortaciones estén llenas de sabiduría. En este
sentido, dice Salomón: Las armas del espíritu son los la-
bios del sabio; y, en otro lugar: Tus labios estén atados
por la inteligencia, es decir, que tus sermones brillen por
su claridad e inteligencia, y que tus exhortaciones y tra-
tados no tengan necesidad de apoyarse en las afirma-
ciones de los demás, sino que tus palabras se defiendan
con sus propias armas, y que ninguna palabra vana y sin
inteligencia salga de tu boca.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No temas, Sión; mira que tu Señor
vendrá. Aleluya.
Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. No temas, Sión; mira que tu Señor
vendrá. Aleluya.
PRECES.
Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un
plande salvación para su pueblo, y digámosle:
Guarda a tu pueblo, Señor.
Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que
haría justicia,
vela por la santidad de tu Iglesia.
Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu
palabra
y afianza la santidad de tus fieles.
Por tu Espíritu consérvanos en el amor,
para que podamos recibir la misericordia de tu
Hijo que se acerca.
Haz que nos mantengamos firmes, Dios de cle-
mencia,
hasta el día de la manifestación de nuestro Señor
Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres

Pidamos ahora con grande confianza la venida del
reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro .............
ORACIÓN.
Señor Dios, que hiciste del obispo san Ambrosio un
insigne maestro de la fe católica y un admirable ejemplo
de fortaleza apostólica, suscita en tu Iglesia hombres se-
gún tu corazón, que guíen siempre a tu pueblo con for-
taleza y sabiduría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.
PONENTE: Pastoral de la Comunicación
