Rezo de Laudes 06 de Enero de 2025



Laudes
Lunes después de la Epifanía.
Feria del tiempo de Navidad

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

--Salmo 94--

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Se repite la antífona

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Se repite la antífona

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Se repite la antífona

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."

Se repite la antífona

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Estrella nunca vista se aparece
a los remotos magos orientales,
y, al juzgar de los fuegos celestiales,
otra lumbre mayor los esclarece.

Nacido sacro Rey se les ofrece,
con nuevas maravillas y señales,
para que reverentes y leales
la obediencia le den como merece.

Parten llevados de la luz y el fuego,
del fuego de su amor; luz que los guía
con claridad ardiente y soberana.

Subió al trono de Dios el pío ruego,
y, llenos de firmísima alegría,
vieron la luz de Dios por nube humana.

Gloria y loores por la eternidad
tribútense a la Santa Trinidad. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

- Salmo 41 -

 

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de mi Dios?

Las lágrimas son mi pan
de noche y día,
mientras todo el día me repiten:
"¿Dónde está tu Dios?"

Recuerdo otros tiempos,
mi alma desfallece de tristeza:
como marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilos y alabanzas,
en el bullicio de la fiesta.

¿Porque te acongojas, alma mía,
porque te me turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
"salud de mi rostro, Dios mío".

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo, desde el Jordán y el Hermón
y el monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía
¿por qué me olvidas?
¿Por que voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
"¿Dónde está tu Dios?"

¿Por que te acongojas, alma mía,
por que te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío."

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Ant. 2 Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Cántico
Sir. 36,1-7.13-16

Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que se sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel, a quien nombraste tu primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad
y al templo de tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Ant. 3 Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

- Salmo 18 -

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le a puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA BREVE

Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
lleva sobre sus hombros el señorío y será llamado:
"Consejero admirable", "Dios poderoso", "Padre sem-
piterno" y "Príncipe de la paz".

RESPONSORIO BREVE

V. Se postrarán ante él todos los reyes.
R. Se postrarán ante él todos los reyes.

V. Todos los pueblos le servirán.
R. Y todos los reyes.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Se postrarán ante él todos los reyes.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Desde oriente vinieron uno magos a Belén para
adorar al Señor, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron
regalos: oro, coma a rey soberano; incienso como a Dios
verdadero; y mirra, como a hombre mortal. Aleluya.

Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde oriente vinieron uno magos a Belén para
adorar al Señor, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron
regalos: oro, coma a rey soberano; incienso como a Dios
verdadero; y mirra, como a hombre mortal. Aleluya.

PRECES.

Aclamemos a Cristo, salvador enviado por Dios, a
quien ham contemplado los confines de la tierra, y di-
gámosle:

Gloria a ti, Señor Jesús.

Redentor de todos los pueblos, que al venir al mun-
do destruiste el muro que separaba a Israel de las
naciones paganas,

haz que desaparezcan del mundo todas las discri-
minaciones que atentan contra la dignidad hu-
mana.

Tú que por la encarnación y tu nacimiento quisiste
habitar entre nosotros,

enséñanos a descubrir tu presencia en la Iglesia
y en todos los hombres.

Tú que nos has dado el pleno conocimiento de Dios,
nuestro Padre,

ayúdanos a vivir plenamente de tu palabra por
nuestra fe y por nuestras obras.

Tú que eres el "Dios con nosotros" que has renova-
do maravillosamente la creación entera,

haz que en nosotros todo se renueve también: el
corazón, las palabras y las obras.

A pesar de que en el mundo existe el odio y la di-
visión, oremos a aquel que nos ha hermanado en Je-
sucristo, diciendo:

 

Padre nuestro .............

ORACIÓN.

Te pedimos, Señor, que ilumines nuestros corazones
con el esplendor de tu divinidad, para que podamos
pasar a través de las tinieblas de este mundo y llegar
a la patria de la eterna claridad. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.

PONENTE: Pastoral de la Comunicación

Laudes de hoy, Laudes del día.