Lectio Divina de hoy domingo 30 de Octubre 2022



XXXI DOMINGO

DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTIO

 

Primera lectura: Sabiduría 11,22-12,2

Señor11,22 el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero sobre la tierra.

23 Tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes, y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan.

24 Porque amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado.

25 ¿Cómo subsistiría algo si tú no lo quisieras? ¿Cómo permanecería si tú no lo hubieras creado? 26 Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque todas son tuyas, Señor, amigo de la vida.

12,1 Pues tu soplo incorruptible está en todas las cosas.

2 Por eso corriges poco a poco a los que caen, los amonestas y les recuerdas su pecado, para que se aparten del mal y crean en ti, Señor.

En el interior del primer díptico, que representa el Éxodo como historia de la salvación e historia de condena simultáneamente, el autor del libro de la Sabiduría encuentra un espacio para esbozar el rostro de Dios, «amigo de la vida» (11,26). Resulta sorprendente que este particular no haya sido insertado en la tabla del díptico que habla de la salvación de Israel, sino en la que representa la condena de los egipcios. Si éstos adoraban a los animales como dioses, YHWH, casi respetando la ley del contrapaso, ha enviado contra ellos pequeños bichos para que les piquen y les molesten (11,15ss; cf. Ex 8,1-2.13-14.20 y 10,12-15). El autor se pregunta la razón de que envíe estos pequeños animalitos y no leones, osos o dragones, que los hubieran devorado de un solo bocado (11,17-19). ¿Por qué Dios no ha acabado de inmediato la partida con Egipto? La respuesta es que a Dios le gusta perder tiempo con el pecador, ronda a su alrededor con su pedagogía, le hace sentir el escozor y la molestia del pecado, en vistas a engendrar en él el arrepentimiento y el deseo de emprender una vida más bella.

Para el sabio israelita, el hecho de que haya también otras naciones que siguen los pasos del pueblo elegido es síntoma de la bondad infinita de Dios. Hubiera podido barrerlas como granos de arena, pero Dios, «el señor de la fuerza, juzga con mansedumbre y gobierna con indulgencia» (12,18). Su verdadera justicia consiste en encontrar una estrategia que le permita al pecador seguir en vida, mientras sea posible. Por consiguiente, si los enemigos de Israel todavía subsisten, es porque Dios es demasiado bueno y tiene también compasión de ellos. La reflexión sapiencial sobre los hechos del Éxodo le permite a Israel salir de su particularismo y darse cuenta de que el amor de Dios se extiende a todas las criaturas. ¿Se puede criticar esta justicia divina?

Segunda lectura: 2 Tesalonicenses 1,11-2,2

Hermanos1,11  Por eso oramos sin cesar por ustedes, para que nuestro Dios los haga dignos de su llamada y con su poder lleve a término todo buen propósito o acción inspirados por la fe12 Así, el nombre de nuestro Señor Jesucristo será glorificado en ustedes, y ustedes en él, según la gracia de nuestro Dios y de Jesucristo, el Señor.

2,1 Sobre la venida de nuestro Señor Jesucristo y el momento de nuestra reunión con él2 les rogamos, hermanos, que no se alarmen por revelaciones, rumores o supuestas cartas nuestras en las que se diga que el día del Señor es inminente.

El fragmento contiene una oración (1,11 ss) y un ruego dirigido a los tesalonicenses (2,lss). La primera concluye la parte de la acción de gracias; la segunda abre la explicación del apóstol, contenida en la parte central de la carta. Pablo ora para que, también en las fatigas y en las tribulaciones, pueda responder la Iglesia de Tesalónica a la llamada que le ha sido dirigida por medio de un apóstol y que Dios le renueva día a día. La comunidad está invitada a vivir en el orden concreto su pertenencia al señorío de Jesucristo y a traducir su fe en gestos animosos. Ya desde las primeras líneas de su carta, Pablo invita a los tesalonicenses a no huir de las fatigas del presente, por angosto y difícil que sea, y a no dejarse vencer por la tentación de evadirse fuera del tiempo, reclamando como inminente la venida del día del Señor. El nombre del Señor Jesús, que en el presente les procura molestias y penalizaciones, será glorificado sólo si el cristiano lo acepta como propio. La «glorificación del nombre» pasa por la cruz de la prueba y por tomar opciones de vida que cuestan.

En la oración pide que sea Dios el que favorezca la plena asimilación entre Cristo y el cristiano. Gracias a la complacencia de Dios, el deseo de bien que nace en el corazón del hombre produce frutos buenos, también gracias a Dios se traduce la fe en testimonio del Evangelio. El apóstol sabe bien que, sin la gracia de Dios, el camino de la comunidad de Tesalónica no llegará lejos.

Una comunidad tan joven, en la que Pablo sólo pudo pasar un breve tiempo, está expuesta además a la persecución y a las falsas doctrinas sobre el inminente retorno del Señor. La fuerza y la fascinación que ciertos discursos ejercen sobre los miembros de la comunidad son tan grandes que les hacen perder la cordura. Los instrumentos de persuasión son también múltiples: inspiración, discursos y cartas atribuidas falsamente a la autoridad del apóstol. Respecto a la parusía y a la reunión con Jesucristo, Pablo se ve obligado a repetir la enseñanza de la primera carta que envió a los cristianos de Tesalónica y a completarla a lo largo de esta segunda misiva.

Evangelio: Lucas 19,1-10

En aquel tiempo1 Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad2 Había en ella un hombre llamado Zaqueo, jefe de publícanos y rico3 que quería conocer a Jesús. Pero, como era bajo de estatura, no podía verlo a causa del gentíoAsí que echó a correr hacia adelante y se subió a una higuera para verlo, porque iba a pasar por allí5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, levantó los ojos y le dijo:

–Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.

6 Él bajó a toda prisa y lo recibió muy contento. 7 Al ver esto, todos murmuraban y decían:

–Se ha alojado en casa de un pecador.

8 Pero Zaqueo se puso en pie ante el Señor y le dijo:

–Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y si engañé a alguno, le devolveré cuatro veces más.

9 Jesús le dijo;

–Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán. 10 Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.

El Salvador, llegado al final de su éxodo, obtiene la más sensacional de las victorias en la ciudad de Jericó, que es, desde siempre, símbolo de conquista prodigiosa, de victoria, puerta de acceso a la tierra prometida (cf Jos 6,1-21).

Si Josué asistió a la caída de los muros de aquella ciudad, Jesús nos habla de lo difícil que resulta la entrada de un rico en el Reino: «Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios» (Lc 18,25). Esta página le sirve a Lucas para declarar ahora la derrota del imperio de Mammón (16,13), contra el cual lucha Jesús a lo largo de todo su evangelio, y de modo particular en la llamada «gran inclusión» (9,51-19,28). La victoria ha obtenido la salvación de un rico, le ha hecho hijo de Abrahán en nombre de la gratuidad, de la hospitalidad y de la acogida, que recuerdan las prerrogativas del patriarca (cf. Gn 18,1-15). En Jesús, Dios restituye al hombre la pureza del corazón (Zaqueo significa «puro»), cambia el corazón de piedra por un corazón de carne, hace surgir hijos de Abrahán hasta de las piedras (Lc 3,8).

 

Gracias a que ha visto a Jesús, el mal considerado Zaqueo verá también a todo Lázaro que esté tumbado en su puerta porque tiene hambre y sed (cf 16,19-31); verá, a fin de cuentas, el camino concreto para restablecer la justicia (19,8). El jefe de los recaudadores de impuestos, acostumbrado a extorsionar hasta el último céntimo, ha sido rescatado por Jesús y, además, sin pagar nada por haber sido liberado de tantas desgracias (6,24ss). La gratuidad, amistad, la comunión con el Salvador, le hacen feliz, alegre, abierto, como las puertas de su casa, a la fiesta del perdón. Sin embargo, Lucas repite una vez más el gran interrogante: ¿entrarán los otros, los justos, a celebrar la fiesta con Zaqueo? ¿Aceptarán comer con él los hermanos mayores, querrán estrecharle la mano para congratularse (cf 15,28)? Si Jesús se sienta a la mesa con publícanos y pecadores, Lucas pide a sus lectores que hagan caer los muros de separación entre los que se consideran justos y los pecadores, entre judíos y paganos, para que se reconozca la universalidad de la salvación en el hoy del encuentro personal con Jesús.

MEDITATIO

Acogida. Ésta podría ser la palabra clave de la liturgia de este domingo. Zaqueo es su intérprete. Acoger a Jesús significa para él recibir la salvación de Dios, su amistad y su perdón. Junto con Zaqueo también son artífices de la acogida los tesalonicenses, que han dejado espacio y tiempo al anuncio del Evangelio y que están llamados a preparar el momento de su encuentro con Jesús a través de la fidelidad y la disponibilidad a realizar lo que está bien a los ojos de Dios en un tiempo difícil, en un tiempo en el que sería más conveniente no exponerse con el nombre de cristiano.

Acogida significa, para el libro de la Sabiduría, buscar los caminos para abrirse al diálogo con hombres de diferente origen y cultura, que forman parte de la creación y se encuentran bajo la mirada compasiva de Dios. Su existencia bajo el mismo cielo, querida por el Creador del universo, cancela la distinción entre puro e impuro, entre seres de primera y de segunda categoría, y trae consigo el reconocimiento de una fraternidad universal.

Acogida significa, para nosotros, anular las distancias que nos separan todavía de Jesús. Es demasiado fácil ser espectadores, sentados y sin ser molestados, ante el paso de Jesús. Es mejor bajar y permitir que Jesús nos conozca mejor, entre las paredes de nuestra casa, en las estancias del corazón. Es allí donde nace una relación de amistad y de amor con él, es allí donde nos encontraremos en condiciones de hablarle de nuestra vida. La acogida no es un adorno ni una cuestión de formalidad: es esencial para que nazca una relación cualitativamente diferente con Jesús y con las personas que encontremos. La familiaridad con Jesús nos permite, además, desprendernos de la sed del beneficio, del deseo de riquezas y de las preocupaciones que éstas suscitan (cf. Le 8,14; 10,38-42): «Donde esté su tesoro, allí estará también su corazón» (12,34).

 

Si estamos en condiciones de acoger a Jesús en nuestra vida cotidiana, con opciones concretas de conversión, podremos salirle al encuentro en la gloria, en el momento de su vuelta como Señor y Juez del universo.

ORATIO

Concédenos, Señor Jesús, la misma gloria que experimentó Zaqueo cuando te recibió en su casa.

Concédenos la alegría de tu perdón y de tu amistad.

Concédenos poder dar con alegría nuestras riquezas a los pobres, ser amigos suyos en el cielo y en la tierra.

Concédenos la alegría de acogerte en el pobre, en el extranjero, en el enfermo, en las personas que no conseguimos soportar.

Concédenos un corazón libre y puro, capaz de amar. Concédenos el tesoro de estar contigo en el Reino del Padre.

CONTEMPLATIO

Es cierto que cada uno de nosotros hace bien a su propia alma cada vez que socorre con misericordia las necesidades de los otros. Nuestra beneficencia, por tanto, queridos hermanos, debe ser pronta y fácil, si creemos que cada uno de nosotros se da a sí mismo lo que otorga a los necesitados. Oculta su tesoro en el cielo el que alimenta a Cristo en el pobre. Reconoce en ello la benignidad y la economía de la divina piedad: ha querido que tú estés en la abundancia a fin de que por ti no esté el otro en necesidad y de que por el servicio de tu buena obra liberes al pobre de las necesidades y a ti mismo de la multitud de tus pecados. ¡Oh admirable providencia y bondad del Creador, que ha querido poner en un solo acto la ayuda para dos! El domingo que viene, por tanto, tendrá lugar la colecta. Exhorto y amonesto a su santidad que se acuerden todos de los pobres y de ustedes mismos y, según las posibilidades de sus fuerzas, vean a Cristo en los necesitados; a Cristo, que tanto nos ha recomendado a los pobres, que nos ha dicho que en ellos vestimos, acogemos y le alimentamos a él mismo (León Magno, Sermones, 6).

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:

«Baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa» (Lc 19,5).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Hoy les hablaré de la pobreza. Debemos permanecer fieles, de manera simultánea, al pensamiento mismo de Cristo y a la solicitud concreta de nuestro amor por los que sufren las injusticias y la miseria. Por consiguiente, es a la luz de una comprensión cada vez más profunda del Evangelio, que debemos redescubrir cada día, como debe ir formándose poco a poco en el fondo de nuestro corazón, en nuestros reflejos, en nuestros juicios –en una palabra, en todo nuestro comportamiento–, el verdadero pobrecito de Jesús, tal como él lo desea, tal como él lo quiere. Una pobreza así está llena de alegría y de amor, y debemos esmerarnos en evitar oponer a esta pobreza, que es cosa delicada y divina, una falsificación humana que tal vez tuviera su apariencia, que tal vez pudiera hasta parecer a algunos más

«materialmente» auténtica, pero correría el riesgo de resolverse en dureza, en juicios sumarios, en condenas, en desunión, en rupturas de la caridad. Seremos pobres porque el espíritu de Jesús estará en nosotros, porque sabemos que Dios es infinitamente sencillo y pobre de toda posesión y, sobre todo, porque queremos amar como él a los pobres y compartir su condición […]

Recuerden siempre que el amor consuma todo en Dios, que el amor condujo a Cristo a la tierra y que los hombres siempre tienen sed de amor. Si su pobreza no es simplemente un rostro de amor, no es auténticamente divina. Las exigencias de la pobreza no pueden estar por encima de las exigencias de la caridad: desconfíen de las falsificaciones demasiado humanas de la pobreza. La tentación del pobre son la envidia, los celos, la aspereza del deseo, la condena de todos los que poseen más que él. (R. Voillaume, Come loro, Cinisello B. 1987, pp. 412ss).



GIORGIO ZEVINI y PIER GIORDANO CABRA; LECTIO DIVINA PARA CADA DÍA DEL AÑO

volumen 15 Domingos del Tiempo ordinario ciclo C (pp 293-301)

PONENTE: Pbro. José Antonio Villavicencio

Lectio Divina de hoy, Lectio Divina del día.