Lectio Divina de hoy domingo 12 de Febrero 2023
VI domingo
del tiempo ordinario
LECTIO
Primera lectura: Eclesiástico 15,15-21
15 Si quieres, guardarás los mandamientos;
de ti depende el permanecer fiel.
16 Fuego y agua he puesto ante ti,
alarga tu mano a lo que quieras.
17 Ante el hombre están vida y muerte;
lo que él quiera se le dará.
18 Porque grande es la sabiduría del Señor,
fuerte es su poder y lo ve todo.
19 Sus ojos miran a los que lo temen,
él conoce las acciones de los hombres.
20 A ninguno obligó a ser impío,
a ninguno ha dado permiso para pecar.
El autor escribe en Jerusalén alrededor del año 180 a. de C. Se siente heredero de la fecunda tradición teológica sapiencial y quiere ofrecer, como testigo, una actualización de la nueva y compleja situación. Su enseñanza sobre la sabiduría, sobre Dios y sobre el mundo hunde sus raíces en los surcos de la tradición patriarcal; el profeta se autodefine como un «rebuscador tras los vendimiadores» (33,16) y, al mismo tiempo, se presenta como un «conservador iluminado», abierto al desafío que suponen los influjos procedentes de los nuevos escenarios culturales de estilo helenístico. El presente texto pertenece a la primera colección del libro, los cc. 1-23. Los vv. 11 y 12 del c. 15 recogen dos críticas que Ben Sira utiliza para introducir su reflexión sobre la libertad del hombre: «No digas: “El Señor me incitó a pecar”»; «no digas: “Él me ha extraviado”».
La fuerza del mensaje del texto propuesto hoy por la liturgia de la Palabra gira en torno al tema de los dos caminos, el del pecado y el de la muerte, formulado en Dt 30,15-20; Jr 21,8 y, en ámbito sapiencial, Prov 2,8-9.12-20. Según este sabio maestro, Dios no puede ser el origen del pecado, puesto que «él no hace lo que detesta» (v. 11), ni quiere violentar la libertad del hombre. Sólo desde la libertad es como el creyente puede afianzar su fidelidad a la Ley. Dios manifiesta su omnipotencia y su profunda sabiduría sin coaccionar la elección que el hombre realiza responsablemente.
Segunda lectura: 1 Corintios 2,6-10
Hermanos: 6 También nosotros tenemos una sabiduría para adultos en la fe, aunque no es una sabiduría de este mundo, ni de los poderes que gobiernan este mundo y están abocados a la destrucción. 7 De lo que hablamos es de una sabiduría divina, misteriosa, escondida; una sabiduría que Dios destinó para nuestra gloria antes de los siglos 8 y que ninguno de los poderosos de este mundo ha conocido, pues, de haberla conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria. 9 A nosotros, en cambio, como dice la Escritura: lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni al hombre se le ocurrió pensar que Dios podía tenerlo preparado para los que lo aman, 10 eso es lo que nos ha revelado Dios por medio de su Espíritu. El Espíritu, en efecto, lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios.
El segundo capítulo de la primera carta a los Corintios presenta una reflexión sobre el tema de la sabiduría articulada en dos partes, ofreciendo antitéticamente un cuadro doctrinal unitario. Si en la primera sección (vv. 1-5) Pablo hablaba de la necedad de la cruz oponiéndola a la sabiduría autosuficiente del hombre, en la segunda (vv. 6-16) traza los rasgos que caracterizan la verdadera sabiduría cristiana, ya sea por los destinatarios que están en actitud de acogerla o por el contenido específico que encierra. Así, Pablo habla de cristianos «perfectos», «adultos en la fe» (cf 14,20; Flp 3,15; Col 1,28), a quienes Dios les ha manifestado una sabiduría «misteriosa», «escondida» y eterna, como Dios que es, destinada «para nuestra gloria antes de los siglos» y distinta de la sabiduría «de este mundo», descrita por Pablo en un lenguaje de carácter apocalíptico (v. 7ss).
Por este motivo, frente a aquellos corintios que se tenían por «espirituales» porque poseían una gnosis o conocimiento superior, los creyentes que han recibido el anuncio del apóstol no tienen que considerarse inferiores. Al revés, gozan de un don inmenso y gratuito: haber conocido en Cristo el plan de Dios para la salvación del mundo. Y quien anuncia esta sabiduría a los «adultos en la fe» no entrega un don obtenido por méritos propios, sino que hace partícipe a otros de cuanto le ha sido revelado «por medio del Espíritu» (v. 10), lo que Dios «tenía preparado para los que lo aman» (v. 9). La puerta de acceso que conduce a las «profundidades de Dios» (v. 10) no es un conocimiento-gnosis fundado en presuntas capacidades humanas, sino en el amor.
Evangelio: Mateo 5,17-37
17 No piensen que he venido a abolir las enseñanzas de la Ley y los profetas; no he venido a abolirlas, sino a llevarlas hasta sus últimas consecuencias. 18 Porque les aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, la más pequeña letra de la Ley estará vigente hasta que todo se cumpla. 19 Por eso, el que descuide uno de estos mandamientos más pequeños y enseñe a hacer lo mismo a los demás será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Pero el que los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos. 20 Les digo que, si no son mejores que los maestros de la Ley y los fariseos, no entraran en el Reino de los Cielos. 21 Han oído que se dijo a nuestros antepasados: No matarás, y el que mate será llevado a juicio. 22 Pero yo les digo que todo el que se enfade con su hermano será llevado a juicio; el que le llame estúpido será llevado a juicio ante el sanedrín, y el que le llame impío será condenado al fuego eterno. 23 Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. 25 Trata de ponerte a buenas con tu adversario mientras vas de camino con él, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
27 Han oído que se dijo: No cometerás adulterio. 28 Pero yo les digo que todo el que mira con malos deseos a una mujer ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros que ser echado todo entero al fuego eterno. 30 Y si tu mano derecha es ocasión de pecado para ti, córtatela y arrójala lejos de ti; te conviene más perder uno de tus miembros que ser arrojado todo entero al fuego eterno.
31 También se dijo: El que se separe de su mujer que le dé un acta de divorcio. 32 Pero yo les digo que todo el que se separa de su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una separada comete adulterio.
33 También han oído que se dijo a nuestros antepasados: No jurarás en falso, sino que cumplirás lo que prometiste al Señor con juramento. 34 Pero yo les digo que no juren en modo alguno; ni por el cielo, que es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, que es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran rey. 36 Ni siquiera jures por tu cabeza, porque ni un cabello puedes volver blanco o negro. 37 Que su palabra sea «sí» cuando es sí, y «no» cuando es no. Lo que pasa de ahí viene del maligno.
El v. 17 introduce un nuevo argumento que será expuesto hasta la conclusión del c. 5. Tenemos la presentación del tema (vv. 17-20), o la relación de Jesús con la Ley y los profetas, y seis lógia (vv. 21-48) con el mismo esquema, donde Jesús es el intérprete de las prescripciones del Antiguo Testamento. Dos afirmaciones negativas abren el pasaje evangélico (v. 17a) y acentúan el contenido del anuncio: Jesús ha venido a dar cumplimiento, «llevar hasta sus últimas consecuencias» la Ley y la profecía bíblica, ya que nada ha sido abrogado (el verbo plérosai indica, aquí, dar cumplimiento a través de la enseñanza): su misión tiene como objetivo no abolir lo que ya ha sido revelado, sino promulgar definitivamente la voluntad de Dios.
La nueva justicia no se volverá a medir más en términos «cuantitativos», como observancia externa de unos preceptos; será valorada en virtud de la adhesión del corazón a las exigencias del Reino. Jesús enumera seis ejemplos y los presenta de manera antitética (en este domingo leemos los cuatro primeros, vv. 21-37). Los dichos comienzan con la fórmula estereotipada «han oído que se dijo [a nuestros antepasados]», seguidos de una cita del pentateuco, y concluyen con esta expresión de Jesús: «Pero yo les digo...». El procedimiento utilizado, por el estilo, es el de las escuelas rabínicas, que contraponían las distintas interpretaciones de la Ley. La primera antítesis (vv. 21-26) se refiere al mandato de «no matar», presente en el «decálogo» (cf. Ex 20,13; Dt 5,17) Y reinterpretado por Jesús: también la ira y el insulto manifiestan un conflicto y un juicio que amenazan y trastornan la vida de la comunidad. Las penas son presentadas gradualmente –tribunal, sanedrín y Geenna–, pasando de una perspectiva jurídica a una religioso-escatológica; la autenticidad del culto se verificará según la capacidad de vivir reconciliados (vv. 23ss).
El adulterio (vv. 26-30) también es sometido a consideración: la unión con la mujer de otro hombre, incluso antes de quebrantar el derecho a la propiedad del marido, tiene su raíz «en el corazón», sede de los sentimientos profundos y de la personalidad moral del individuo. Quien «desea», en la acepción del verbo hebreo correspondiente (hamad), quiere adueñarse con violencia de lo que no le pertenece, y, para evitar un destino mortal, tiene que estar dispuesto a sacrificar una parte de sí mismo (vv. 29ss).
La tercera antítesis es sobre el matrimonio (vv. 31ss) y nos remite al texto de Dt 24,1. Comete adulterio, según el dicho de Jesús, tanto quien se separa de su mujer como quien se casa con una separada. La excepción del v. 32, salvo en el caso de pornéia, ha sido objeto de una pluralidad de interpretaciones: una solución apropiada es la que atribuye la cláusula de Mateo a los casos de uniones ilegítimas entre consanguíneos, algo no infrecuente dentro de su comunidad. La exclusión de cualquier tipo de juramento (vv. 33-37), que volverá a aparecer en 23,16-22, pretende desenmascarar la costumbre de abusar de la autoridad de Dios: es una llamada a la verdad y a la sinceridad (véase la sentencia del v. 37) y un rechazo de cualquier forma de hipocresía.
MEDITATIO
«Pondré mi Ley en su interior, la escribiré en su corazón» (Jr 31,33). Si escudriñamos qué esconde la profundidad de nuestro corazón, si nos empleamos a fondo para descifrar lo escrito por una mano sabia y discreta, descubrimos que «lo que el ojo no vio», a veces misterioso hasta para nosotros, Dios lo ha preparado, lo ha diseñado, como un proyecto viable para nuestra vida; un proyecto que nos invita a vivir la única ley que nos hace libres, la del amor. Guiados por el Espíritu vivimos en el mundo anunciando una «Buena Noticia» que nos anima a vivir como cristianos adultos, a superar esas faltas de madurez que podrían llevamos a una fe construida sobre una obediencia estéril y formal: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, razonaba como niño; al hacerme hombre, he dejado las cosas de niño» (l Cor 13,11). Para entrar en el Reino de los Cielos, Jesús pide una justicia superior a la observancia mecánica y desencarnada; solicita una adhesión capaz de interiorizar la norma y manifestar las verdaderas intenciones del corazón.
Esta nueva justicia transforma las dimensiones más profundas y personales de la relación con Dios en la cualidad de las relaciones que el discípulo establece con los hermanos. Dios «conoce las acciones de los hombres» y sabe que en una ofensa también se puede ocultar la voluntad de destruir al otro, que en una mirada, a veces, está latente el deseo de poseer, incluso con prepotencia, lo que no nos pertenece. Dios, que lo «ve todo», no acepta que el hombre reemplace con prácticas cultuales la exigencia de construir caminos de reconciliación, porque la misericordia vale más que los sacrificios.
Vivir según este estilo de vida nuevo, que Jesús ha inaugurado y que el Espíritu mantiene vivo, significa comprender la voluntad de Dios inmersos en la lógica del mundo, una lógica que parece sobrepasar la sabiduría oculta en nuestro interior. Entre el «sí» al camino evangélico y el «no» pronunciado a los «dominadores de este mundo», entre la vida y la muerte, pidamos que nuestra elección sea sin titubeos, inclinada al compromiso y no confusa o tibia.
ORATIO
Padre, Dios del cielo y de la tierra, te alabamos por el misterio escondido en tu Hijo, Jesús. Él se ha hecho uno de nosotros, ha compartido nuestra vida, se ha mostrado atento a nuestras necesidades y ha cargado con nuestros pecados. Dios misericordioso, quieres que seamos un pueblo libre, libre para amar, y por eso –en Cristo nos entregas una nueva Ley escrita en el corazón del hombre. Tú lo ves todo, sondeas y conoces nuestros pensamientos y sabes leer nuestras más secretas intenciones en los gestos que realizamos. No queremos sentirte como un huésped indeseado que viola nuestra intimidad, sino como el amigo que nos brinda la mano para llevarnos hasta la vida eterna. Con la libertad de los hijos de Dios zarparemos mar adentro y, guiados con tu Palabra y el Espíritu, marcaremos la ruta de la verdadera paz.
CONTEMPLATIO
Por todas partes, pues, resulta que, si Cristo no mantiene la antigua Ley, no es porque sea mala, sino porque había llegado el momento de preceptos superiores. El hecho de que sea más imperfecta que la nueva no prueba tampoco que sea de suyo mala, pues, en ese caso, lo mismo habría que decir de la nueva. El conocimiento que ésta nos procura, comparado con el de la otra vida, es también parcial e imperfecto y, venido el otro, desaparecerá. Porque «cuando venga lo perfecto –dice el apóstol– desaparecerá lo imperfecto» (l Cor 13,10), lo mismo que sucedió con la antigua Ley al venir la nueva. Mas no por eso despreciaremos la nueva Ley, aunque también haya de ceder el paso y retirarse cuando alcancemos el Reino de los Cielos. Porque entonces –dice «desaparecerá lo imperfecto». Y; sin embargo, decimos que es grande. Ahora bien, como son mayores los premios que se nos prometen y mayor la gracia del Espíritu Santo, también se nos exigen combates mayores. Ya no se nos promete una tierra que mana leche y miel, ni pingüe vejez, ni muchedumbre de hijos, ni trigo y vino, ni rebaños mayores y menores, sino el cielo y los bienes del cielo: la filiación divina y la hermandad con el Unigénito y tener parte en su herencia y ser juntamente con Él glorificados y reinar a par suyo, y los infinitos galardones que allí nos esperan. Ahora que también gozamos de mayor ayuda, oye cómo lo dice Pablo: «Ya no pesa, por tanto, condenación alguna sobre los que viven en Cristo Jesús. La ley del Espíritu vivificador me ha liberado por medio de Cristo Jesús de la ley del pecado y de la muerte» (Rom 8,1ss) (Juan Crisóstomo, «Homilías sobre el evangelio de san Mateo», 16,5, en Obras de san Juan Crisóstomo, 1, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1955, 319-320).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
«El Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad» (2 Cor 3,17).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Respecto a la totalidad que nos manifiesta la sabiduría, las formas provisionales necesariamente se encuentran ligadas al principio de la coacción, de la constricción, y la constricción no es la ley del corazón. Esta condición de la existencia es una condición dura y hay que vivirla con la esperanza de que un día pasará este mundo, anclado en el pecado. Tenemos que preparar aquel mundo y, dentro de lo posible, anticiparlo ahora entre nosotros, sabiendo que se trata de una breve lluvia benéfica, de un fugaz rayo solar, ya que la verdadera estación está por llegar. Debemos, de alguna manera, insertar la levadura del futuro dentro de1 presente. Esta es nuestra tarea, en lo pequeño y en lo grande. Estas son las nuevas formas propuestas, clara y límpidamente, con la maravillosa y misteriosa música de las palabras evangélicas: «Han oído que se dijo, pero yo les digo». Nos encontramos en esta oscilación y es muy importante vivirla conscientemente, sin bandazos, sin fanatismos místicos que destruyen la antinomia de este mundo provisional, y sin mundanalidad –enorme en numerosos cristianos–, sino integrando las dos dimensiones y convirtiendo las palabras de la sabiduría en principio normativo de la sociedad, en regla de vida social. Ninguna sociedad responderá jamás, hasta que salgamos de este mundo transitorio, a las esperas y esperanzas que brotan de lo profundo, la respuesta que nos viene del Espíritu es una respuesta que brilla en el futuro, y sólo llega a nuestros días el reflejo de la luz. (E. Balducci, Gli ultimi tempi, Roma 1998, 115).
GIORGIO ZEVINI y PIER GIORDANO CABRA; LECTIO DIVINA PARA CADA DÍA DEL AÑO volumen 13 Domingos del tiempo ordinario (ciclo A) (pp 55-64)
PONENTE: Pbro. José Antonio Villavicencio
