Celebración de la Palabra Domingo 12 de Marzo P. Rubén Hernández Melchor



DESARROLLO DE LA CELEBRACIÓN DE LA PALABRA

(Por el Pbro. Rubén Hernández Melchor)

12 de marzo 2023. 3er. Domingo de Cuaresma

  1. RITOS INICIALES

Monición de entrada: Buenos, (dias, tardes o noches) Queridos hermanos, En este tercer domingo de cuaresma Jesús manantial de agua viva nos invita a acercarnos a él, dispongámonos a recibir la gracia y bendición que gratuitamente nos ofrece. Iniciemos esta celebración cantando. Canto de entrada

Ministro: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.  

Asamblea. Amén

Ministro: Jesús es la fuente de agua que mana hasta la vida eterna; Jesús es la luz del mundo; Jesús es la resurrección y la vida para todos los que creen en él. Que su gracia esté con todos ustedes.

Asamblea: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL

Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos. (Silencio).

Confesemos juntos nuestros pecados:

Yo confieso ante Dios todopoderoso…

(Cantando)

Señor, ten piedad.             *          Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.             *          Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.             *          Señor, ten piedad.

Oración colecta

Ministro: Oremos: Señor Dios, fuente de misericordia y de toda bondad, que enseñaste que el remedio contra el pecado está en el ayuno, la oración y la limosna, mira con agrado nuestra humilde confesión, para que a quienes agobia la propia conciencia nos reconforte siempre tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Asamblea. Amén.  (Toda la asamblea se sienta y se introducen las lecturas).

2. LITURGIA DE LA PALABRA

Monición a las lecturas: Hermanos: Dios que infunde su amor en nuestros corazones se acerca a nosotros como manantial de vida eterna. No seamos sordos a la voz del Señor y dejemos que nos alimente con el agua y pan de su palabra. Escuchemos con atención.

Primera Lectura

Del libro del Éxodo: 17, 3-7

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?”

Moisés clamó al Señor y le dijo: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen”. Respondió el Señor a Moisés: “Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.

Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

Del Salmo 94

R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias.

R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.

R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”.

R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: 5, 1- 2. 5- 8

Hermanos: Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en la cual nos encontramos; por él, podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.

La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.

Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Señor, tú eres el Salvador del mundo. Dame de tu agua viva para que no vuelva a tener sed.

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

 

Ministro: El Señor esté con Ustedes.

Asamblea: Y con tu espíritu.

Ministro: Del santo Evangelio según san Juan: 4, 5- 42

Asamablea: Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”. El le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.

La mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.

En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.

Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. El les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.

Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que  él es, de veras, el salvador del mundo”.

Palabra del Señor. El ministro NO besa el Evangelio.

Asamblea. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Comentario homilético. 

Queridos hermanos y hermanas, El pasaje evangélico de este domingo, el tercero de la Cuaresma, presenta el encuentro de Jesús con una mujer samaritana. Está en camino con sus discípulos y se detienen ante un pozo en Samaria. Los samaritanos eran considerados herejes por los judíos y eran muy despreciados y tratados como ciudadanos de segunda clase. Jesús está cansado, sediento. Una mujer viene a buscar agua y Él le pide: “Dame de beber”. De este modo, rompiendo toda barrera, comienza un diálogo en el que revela a aquella mujer el misterio del agua viva, esto es, del Espíritu Santo, don de Dios. En efecto, a la reacción de sorpresa de la mujer Jesús responde: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”. En el centro de este diálogo está el agua. Por un lado, el agua como elemento esencial para la vida, que sacia la sed del cuerpo y sostiene la vida. Por el otro, el agua como símbolo de la gracia divina, que da la vida eterna. En la tradición bíblica Dios es la fuente de agua viva –como se dice en los Salmos, en los profetas–: alejarse de Dios, la fuente de agua viva, y de su Ley, conduce a la peor sequía. Esta es la experiencia del pueblo de Israel en el desierto. En el largo camino hacia la libertad, ellos, ardiendo de sed, protestan contra Moisés y Dios porque no hay agua. Entonces, por voluntad de Dios, Moisés hace brotar agua de una roca, como signo de la providencia de Dios que acompaña a su pueblo y le da vida.

Y el apóstol Pablo interpreta esa roca como un símbolo de Cristo. Dice: “Y la roca es Cristo”. Es la misteriosa figura de su presencia en medio del pueblo de Dios que camina. Porque Cristo es el Templo del que, según la visión de los profetas, brota el Espíritu Santo, es decir, el agua viva que purifica y da vida. Aquellos que tienen sed de salvación pueden saciarla gratuitamente en Jesús, y el Espíritu Santo se convertirá en él o ella en una fuente de vida plena y eterna. La promesa de agua viva que Jesús hizo a la mujer samaritana se hizo realidad en su Pascua: “sangre y agua” brotaron de su costado atravesado. Cristo, Cordero inmolado y resucitado, es la fuente de la que mana el Espíritu Santo, que perdona los pecados y regenera la nueva vida.

Este don es también la fuente del testimonio. Como la samaritana, quien encuentra a Jesús vivo siente la necesidad de decírselo a los demás, para que todos lleguen a confesar que Jesús “es verdaderamente el salvador del mundo”, como dijeron más tarde los paisanos de esa mujer. También nosotros, engendrados a una nueva vida a través del Bautismo, estamos llamados a dar testimonio de la vida y la esperanza que hay en nosotros. Si nuestra búsqueda y nuestra sed encuentran en Cristo la satisfacción plena, manifestaremos que la salvación no está en las “cosas” de este mundo, que al final llevan a la sequía, sino en Aquél que nos ha amado y nos ama siempre: Jesús nuestro Salvador, es el agua viva que Él nos ofrece.

Que María Santísima nos ayude a cultivar el deseo de Cristo, la fuente de agua viva, la única que puede saciar la sed de vida y de amor que llevamos en nuestros corazones. Que Dios los bendiga hermanos.

Credo

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Plegaria Universal

Ministro: A jesús, que es la fuente de agua viva, pidámosle por nosotros y por toda la humanidad.

Despues de cada petición diremos: Señor, ten piedad.

  1. Por todos los fieles. Que por medio de las penitencias y prácticas cuaresmales, sean purificados de sus culpas y vean fortalecida su vida cristiana. Oremos. Señor, ten piedad.
  2. Por los que se preparan para recibir el Bautismo, la Confirmación o la Eucaristía. Que Jesús, la fuente de agua viva, haga de ellos unos hombres y mujeres nuevos. Oremos. Señor, ten piedad.
  3. Por todos los pueblos. Que alcancen la paz, la tranquilidad y el bienestar necesario y puedan así buscar más fácilmente los bienes del cielo. Oremos. Señor, ten piedad.
  4. Por los que se ven tentados o se sienten turbados. Que el Señor les conceda su fuerza, infunda el deseode la conversión a los pecadores y otorgue el consuelo del cielo a los que están tristes o abatidos. Oremos. Señor, ten piedad.
  5. Por todos nosotros. Que el Señor nos infunda el deseo de una verdadera conversión, a fin de que nos preparemos a celebrar debidamente el sacramento pascual de la penitencia. Oremos. Señor, ten piedad.
  6. Por nuestra diocesis de Tenancingo para que Dios nos conceda un obispo según su corazón. Oremos. Señor, ten piedad.
  7. Se pueden añadir algunas intenciones…

Ministro: Señor nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de ofrecernos el agua viva de la gracia, escucha nuestras oraciones y concédenos el don del Espíritu, para que manifestemos con valentia nuestra fe y anunciemos con gozo a todos las maravillas de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

3. RITO DE LA COMUNIÓN

Monición: Con un corazón agradecido acerquémonos a la presencia del Señor, ofreciendo los dones unidos a nuestro propio corazón, llamado al cambio y a la conversión.. (Mientras se entona un canto de adoración, El ministro extiende el corporal sobre el altar, coloca el Santísimo hace una genuflexión y lo inciensa)

Introducción al Padre nuestro

Ministro: Confiando plenamente en nuestro Padre Dios, nos atrevemos a decir: Padre Nuestro...

Ministro: Libranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Asamblea: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Rito de la paz

Ministro: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz les dejo, mi paz les doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. A. Amén.

Ministro: La paz del Señor esté siempre con ustedes.

Asamblea: Y con tu espíritu.

Ministro: Nos damos un signo de paz. (Se entona el canto del Cordero o se recita)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros (2 veces)

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

El ministro abre el copón, hace una genuflexión y muestra el Pan Eucarístico a todos.

Ministro: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la cena del Señor.

Asamblea: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Ministro: (En voz baja dice:) El cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna. El ministro distribuye la Eucaristía.

 

MONICION A LA COMUNIÓN: Hermanos: el Señor nos invita a la Mesa eucarística. Al acercarnos a recibirlo, avivemos más y más nuestra fe en nuestro Salvador que ha venido al mundo por todo el que creé en Él.

Distribución de la comunión: canto

 

Comunión espiritual: Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma; pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me separe de Ti. Amen (El ministro guarda la reserva en el Sagrario o lo consume y vuelve a su lugar)

4. RITO DE CONCLUSIÓN

Oración después de la comunión:

Ministro: Alimentados en la tierra con el pan del cielo, prenda de eterna salvación, te suplicamos, Señor, que lleves a su plenitud en nuestra vida la gracia recibida en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Asamblea. Amén.

M. Se leen los avisos...

Monición final: Habiendo participado de estos sagrados misterios, como la samaritana vayamos a contar a nuestros hermanos las maravillas que Jesús hace por nosotros.

Bendición

M. Pidamos todos juntos la bendición del Señor:

M. El Señor nos bendiga + nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. A. Amén.

M. Pueden ir en paz.

A. Demos gracias a Dios.

Canto final

PONENTE: Pbro. Rubén Hernández Melchor

Celebración de la Palabra de hoy, Celebración de la Palabra del día.