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¿Sabías que el Akáthistos no se canta solo a la Madre de Dios?

¿Sabías que el Akáthistos no se canta solo a la Madre de Dios?

Un himno que se escucha de pie

 

I. EXPLICACIÓN

Cantar el Akáthistos en fiestas marianas, encuentros y congresos se ha vuelto una práctica frecuente. Vale la pena saber qué es este himno bizantino de quince siglos, de dónde viene y cómo recibirlo bien.

En las fiestas marianas de algunas parroquias de la diócesis de Tenancingo, como en muchos lugares de México, se canta un himno que no nació aquí. El coro va desgranando «Salve, por ti resplandece la dicha…», y el pueblo responde una y otra vez: «Salve, ¡Virgen y Esposa!». Es el Akáthistos, un himno de Constantinopla de quince siglos, que ha llegado a nuestros templos como oración de la piedad mariana. La primera vez que lo escuché me pregunté qué hacía aquí, en el corazón de una tradición mariana tan rica como la mexicana. La pregunta tenía sentido. La respuesta me llevó más lejos de lo que pensaba.

Un nombre que era casi una indicación

Antes de ser un título, akáthistos era casi una indicación: este canto se escucha y se canta sin sentarse. La palabra griega significa «no sentado»: el nombre con el que el himno terminó siendo conocido remite a la postura con que se canta, la misma con la que se escucha el Evangelio.

El poema tiene veinticuatro estrofas que, en griego, siguen el orden del alfabeto. Las impares narran y contemplan, y desembocan en doce saludos a María que terminan con el estribillo; las pares se cierran con un «¡Aleluya!» dirigido a Cristo. El saludo de Gabriel se repite ciento cuarenta y cuatro veces, y a cada cadena de alabanzas a la Madre le sigue una estrofa que termina en la alabanza al Hijo.

Tampoco es un huésped reciente en Occidente. Hacia el año 800, Cristóforo, obispo de Venecia, lo tradujo al latín, y en todas sus estrofas repetía un solo estribillo: Ave, sponsa insponsata, salve, esposa virgen. Es el mismo estribillo que hoy se canta en México como «¡Virgen y Esposa!».

La historia más cercana tiene una fecha: 1981. El 7 de junio, en Santa María la Mayor de Roma, el himno se cantó entero para recordar los concilios de Constantinopla y de Éfeso; en diciembre resonó en el Tepeyac, en el 450 aniversario de las apariciones. Ya existía la versión castellana que se sigue cantando, preparada en Roma por el carmelita Jesús Castellano Cervera sobre el original griego, con música del salesiano Luigi Lasagna. Siete años después, en el Año Mariano de 1988, se pidió a los obispos de todo el mundo que lo cantaran con sus fieles para unirse al Papa: una oración de Oriente ofrecida como signo de la comunión católica.

De un himno a una forma

Hace poco llegó a mis manos un librito amarillo publicado en Roma por un monasterio ruso de rito bizantino, en plena comunión con la Iglesia católica. Se titula Gloria a Dio per tutto. Inni acatisti: «Gloria a Dios por todo. Himnos akáthistos». Esperaba encontrar el himno que había escuchado en México. Encontré veintiuno: akáthistos a la Santísima Trinidad, a Cristo, a la Cruz, para la comunión eucarística, a san Nicolás, a san Serafín de Sarov, incluso a san Francisco de Asís, y uno por el descanso de los difuntos.

Había escuchado un Akáthistos. Al abrir aquel libro descubrí que existían los akáthistos.

Desde el siglo XIV, en Constantinopla, el antiguo himno empezó a servir de molde para otros, y en el mundo eslavo el molde resultó tan fecundo que hoy se cuentan por centenares. El nombre de un poema se convirtió en el nombre de una forma: una historia de salvación contada por partes, a cada parte una cadena de saludos, un estribillo que el pueblo repite.

México también ha entrado en esa historia. Hace unos veinte años nació en la Basílica de Guadalupe un Akáthistos Guadalupano. Sigue el Nican Mopohua (el relato en náhuatl de las apariciones de Guadalupe, cuyo título significa «Aquí se narra»), desde el primer encuentro en el Tepeyac hasta la imagen en la tilma, y a cada escena responde con doce saludos y un estribillo nuevo: «Salve, ¡Flor de las flores! Salve, ¡Señora y Niña nuestra!». Su presentación explica que se quiso aprovechar, «cual nuestros hermanos rusos, el modelo de nuestros hermanos griegos». En Guadalupe se hizo con el Akáthistos lo que habían hecho las Iglesias eslavas: cantar con él su propia historia de salvación.

Cómo se recibe una forma

Roma ha practicado dos caminos. Cuando lo celebró como liturgia, lo dejó en su casa: en 1988 san Juan Pablo II lo escuchó dentro de los maitines del rito bizantino. Al preparar el Jubileo del año 2000, la Comisión litúrgica del Gran Jubileo lo propuso también como oración para todos: de pie, ante el icono de la Madre de Dios, dividido en cuatro partes de seis estrofas que podían cantarse en momentos distintos. También en Oriente se canta desde antiguo por secciones, a lo largo de la Cuaresma. Las comunidades que lo cantan por partes están, sin saberlo quizá, en buena compañía.

El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia pide que un ejercicio de piedad, al adaptarse a otro pueblo, conserve su identidad profunda y deje reconocibles su origen y sus rasgos (n. 92). En el Akáthistos esos rasgos se reconocen enseguida: se canta de pie, alterna voces y estribillos, y cada «Salve» a la Madre camina hacia el «Aleluya» al Hijo.

Gloria a Dios por todo

El título del librito amarillo es el de uno de los akáthistos más queridos del siglo XX, un himno de acción de gracias nacido en años de persecución. Sus palabras vienen de mucho más atrás. Paladio cuenta que Juan Crisóstomo, desterrado y agotado, antes de morir recibió la Eucaristía y rezó con la fórmula que acostumbraba: «Gloria a Dios por todo». Después dijo amén.

Gloria a Dios también por un himno que salió de Constantinopla, pasó por Venecia y por Roma, y en el Tepeyac se quedó a cantar: «¡Virgen y Esposa!».

 

II. PREGUNTAS

Para leer en equipo antes de programar el Akáthistos en una fiesta, una vigilia o una jornada de oración.

Al texto

1. ¿Qué texto cantamos? La versión de Castellano Cervera es la traducción de un himno que las Iglesias de Oriente cantan en su liturgia. El Akáthistos Guadalupano es una composición nueva sobre su modelo. Son dos textos distintos y no deben confundirse: ¿sabemos cuál tenemos en la mano?

2. ¿Está completo? Las estrofas pares, las del «¡Aleluya!», son las que dirigen la alabanza a Cristo. Si cantamos solo los «Salve», ¿qué queda del equilibrio del himno?

3. ¿Está bien impreso? Revisemos nuestra edición antes de repartirla. Un ejemplo: en la estrofa 22 debe decir «rasgando el quirógrafo antiguo», el documento de la deuda que Cristo clavó en la cruz (Col 2,14), y no «quirófano».

4. ¿Lo entendemos? Casi cada saludo esconde una página de la Escritura: la escala de Jacob, la zarza ardiente, el maná, la tierra prometida. ¿Hemos preparado al coro y a la asamblea para reconocerlas?

5. ¿Tiene aprobación? Los textos de oración que se usan de manera estable y pública deben contar con la aprobación del Ordinario del lugar (Directorio, n. 16).

A la práctica

1. ¿Por qué lo cantamos? ¿Porque es bonito y funciona, o porque queremos subrayar algo concreto: la Encarnación, la comunión con las Iglesias de Oriente, una jornada de oración de un grupo, una peregrinación?

2. ¿Hemos mirado antes en casa? Las Vísperas de la Virgen con el Magníficat, las antífonas marianas según el tiempo (Alma Redemptoris Mater, Ave Regina caelorum, Regina caeli, Salve Regina), las letanías, el Rosario celebrado con la Palabra, los cantos guadalupanos de nuestros pueblos. El Akáthistos no debería ocupar el lugar de lo que es nuestro.

3. ¿Cuándo? El Adviento, el 1 de enero, el 25 de marzo, las fiestas de la Virgen. Sin quitar su lugar a una solemnidad ni a la Liturgia de las Horas: un ejercicio de piedad acompaña la liturgia, no la sustituye.

4. ¿Cómo? De pie, si es posible ante un icono de la Madre de Dios, con la asamblea que responde. Por partes, si hace falta, pero sin perder el «¡Aleluya!». Con una apertura y una conclusión sencillas, sin revestirlo de formas propias de la Misa (Directorio, n. 13).

5. ¿Conocemos la familia? Si el Akáthistos es una forma, ofrece temas para todo el año: la acción de gracias de Gloria a Dios por todo; la oración por los difuntos en los días de muertos; la Cruz en Cuaresma o el 14 de septiembre; la Eucaristía en el Corpus; el Espíritu Santo en la novena de Pentecostés; la súplica en tiempos de aflicción. ¿Existen de estos textos traducciones fiables y aprobadas?

A los ministros

1. Quien preside: ¿introduce el himno con dos palabras que digan qué se va a cantar y por qué? ¿Los signos y las vestiduras dejan claro que se trata de un ejercicio de piedad, sin trasladar las formas propias de la Misa ni imitar las orientales?

2. El coro y la schola: ¿preparan los recitativos para que se entiendan, y sostienen a la asamblea sin cubrirla? El estribillo es del pueblo.

3. Los músicos: ¿conocen de dónde viene el himno? En alguna ocasión se podría cantar una sección con una melodía de tradición bizantina, para que se oiga su origen.

4. Los responsables de pastoral litúrgica: ¿el Akáthistos forma parte de un camino, con catequesis y un lugar pensado en el calendario, o se ha vuelto una costumbre que ya nadie explica?

5. Todos: ¿rezamos con él, cuando lo cantamos, por las Iglesias de Oriente que nos lo dieron, algunas hoy probadas por la guerra?

 

III. BIBLIOGRAFÍA

Documentos de la Iglesia

Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 13.

Congregación para el Culto Divino, «Orientamenti e proposte per la celebrazione dell'Anno mariano», 3 de abril de 1987, Notitiae 23 (1987), pp. 342-396.

Penitenciaría Apostólica, decreto Inter alios, 13 de febrero de 1988, AAS 80 (1988), pp. 508-509.

Juan Pablo II, Homilía en la celebración de los maitines de la Anunciación en rito bizantino-eslavo, Santa María sobre Minerva, 25 de marzo de 1988.

Comisión litúrgica del Gran Jubileo del año 2000, «In honor of the Virgin Mother of God. The Akathistos Hymn», en Notitiae 33 (1997), p. 456.

Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, Celebración del himno Akathistos en la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Presentación, 8 de diciembre de 2000.

Juan Pablo II, Homilía en la celebración del himno Akathistos, Santa María la Mayor, 8 de diciembre de 2000.

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones, 2002, nn. 13, 16, 17, 92, 207 y nota 262.

Penitenciaría Apostólica, Enchiridion indulgentiarum, 4.ª ed., 1999, concesión 23.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 67.

Ediciones y traducciones

Akathistos. Canto litúrgico mariano para recitativo o declamado y schola a 2 v.p. y asamblea, versión métrica de J. Castellano Cervera OCD, introducción y notas de E. M. Toniolo OSM, música de L. Lasagna SDB, Roma, Centro de Cultura Mariana «Mater Ecclesiae», 1979.

Akáthistos. Himno en honor de la Santísima Virgen María, México, Ediciones Basílica de Guadalupe, Año Jubilar Guadalupano 2005-2006.

Akáthistos Guadalupano, México, Basílica de Guadalupe, hacia 2006-2007.

G. Díaz Patri (trad.), Himno Akáthistos. Traducción, introducción y notas, Cuadernos Medievales de Cuyo 2, Mendoza, CEFIM – Universidad Nacional de Cuyo, 2009.

Monasterio ruso de la Dormición de la Madre de Dios (ed.), Gloria a Dio per tutto. Inni acatisti, Roma, Appunti di Viaggio, 2011.

Estudios

M. Huglo, «L'ancienne version latine de l'hymne acathiste», Le Muséon 64 (1951), pp. 33-44.

G. G. Meersseman, Der Hymnos Akathistos im Abendland, 2 vols., Spicilegium Friburgense 2-3, Friburgo (Suiza), 1958-1960.

E. Wellesz, The Akathistos Hymn, Monumenta Musicae Byzantinae, Transcripta 9, Copenhague, 1957.

E. M. Toniolo, «Akáthistos», en S. De Fiores – S. Meo (dirs.), Nuevo Diccionario de Mariología, Madrid, Paulinas, 1988.

E. M. Toniolo, Akathistos. Saggi di critica e di teologia, Roma, Centro di Cultura Mariana «Madre della Chiesa», 2000.

L. M. Peltomaa, The Image of the Virgin Mary in the Akathistos Hymn, Leiden – Boston – Colonia, Brill, 2001.

P. Sabe Andreu, «El himno Akáthistos en Occidente. La importancia de la traducción latina de Cristóforo (ca. 800)», Estudios bizantinos 1 (2013), pp. 39-55.

A. Naumow, Akatyst w dawnym i nowożytnym piśmiennictwie europejskim, Białystok, 2023.

J. L. Guerrero, El Nican Mopohua. Un intento de exégesis, México, 1996.

Fuentes antiguas

Paladio, Diálogo sobre la vida de Juan Crisóstomo, ed. A.-M. Malingrey y Ph. Leclercq, Sources Chrétiennes 341-342, París, 1988.

Pes Allegoricus

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