Cada año, entre el 31 de octubre y los primeros días de noviembre, disfraces, calaveras, ofrendas, visitas a los panteones y celebraciones religiosas forman parte del ambiente que prevalece en muchos hogares y muchas ciudades de México. Sin embargo, es importante recordar que Halloween, el Día de Muertos y la Solemnidad de Todos los Santos tienen orígenes, significados y propósitos diferentes.
Para los católicos, estas fechas ofrecen una oportunidad para reflexionar sobre la muerte, recordar a los seres queridos que han fallecido y renovar la esperanza en la resurrección. Pero también plantean preguntas sobre las prácticas culturales en las que participan las familias y sobre cómo distinguir una tradición de una creencia contraria a la fe cristiana.
Las festividades de los días 1 y 2 de noviembre tuvieron su origen en la Europa medieval, fueron instituidas por la Iglesia católica, el 1 para celebrar a “Todos los Santos”, es decir, a los beatos y canonizados, pero principalmente a los santos desconocidos, para que ninguno se quedara sin fiesta; mientras el 2 , Día de los “Fieles Difuntos”, fue dedicado a quienes “reposan en Cristo”, pero no alcanzaron la vida beatífica.
El Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, publicado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ofrecen una serie de criterios para discernir estas expresiones y vivirlas de acuerdo con el Evangelio.
Pero lo más importante es conocer qué es lo que significan cada una de estas celebraciones que cada año podemos apreciar por todas partes.
¿Qué celebra la Iglesia católica el Día de Todos los Santos?
El 1 de noviembre, la Iglesia celebra la Solemnidad de Todos los Santos, una fecha dedicada a los hombres y mujeres que alcanzaron la santidad y viven en la presencia de Dios. Cabe precisar que no se recuerda únicamente a los santos canonizados, sino también a la multitud de personas santas cuya vida y fidelidad a Dios quizá nunca fueron conocidas públicamente pero que han alcanzado la vida eterna en su presencia.
Esta celebración tiene un significado especial para los católicos porque recuerda que la santidad no es un privilegio reservado a unos cuantos. Todos los bautizados están llamados a vivir conforme al Evangelio, practicar la caridad y seguir a Jesucristo en sus circunstancias cotidianas.
La Santa Sede indica que “la liturgia católica ha dedicado esta Fiesta especial a hacer presentes en nuestra memoria a todas aquellas personas que, superando la debilidad y las tentaciones, fueron dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria de Cristo”.
De la misma manera, señala que en esta celebración recordamos “que los santos son todas aquellas hijas e hijos de Dios que vivieron la fe, la esperanza y la caridad siguiendo el ejemplo de Jesús”.
Por ello, celebrar Todos los Santos significa reconocer el testimonio de quienes vivieron su fe con fidelidad, pedir su intercesión y procurar imitar sus virtudes. No se trata de atribuirles poderes mágicos, sino de reconocer que su vida puede orientar a los cristianos hacia Dios.
¿Qué significa el Día de Muertos para los católicos?
El 2 de noviembre, la Iglesia conmemora a todos los Fieles Difuntos. Es una jornada para orar por quienes han muerto y encomendarlos a la misericordia de Dios, con la esperanza cristiana de la vida eterna y la resurrección.
Esta conmemoración está estrechamente relacionada con la solemnidad de Todos los Santos: el 1 de noviembre, la Iglesia celebra a quienes gozan de la presencia de Dios; el día 2, recuerda y encomienda a los difuntos. Ambas fechas expresan la fe en la comunión de los santos.
Debemos recordar que las santas almas no pueden rezar por ellas mismas y necesitan de nuestras oraciones. De esta manera, pedimos por los difuntos porque nuestras oraciones son obras buenas que Dios toma en cuenta para que los que están en el Purgatorio puedan ir al encuentro de Dios en el Cielo.
Como Iglesia militante, los vivos podemos ayudar a quienes están en el Purgatorio a liberarse de esa sombra de pecado que les impide estar ya en la presencia del Señor, mediante oraciones, obras buenas e indulgencias concedidas a su favor.
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia señala que la visita al cementerio, el cuidado de las tumbas y las oraciones por los difuntos son expresiones legítimas de piedad popular. También recomienda que estas prácticas se comprendan desde la fe cristiana en la resurrección, evitando que se conviertan en obligaciones motivadas por el miedo o la superstición.
En México, el Día de Muertos reúne tradiciones diversas, transmitidas de generación en generación, que incluyen altares, flores, veladoras, alimentos, fotografías y visitas a los panteones. Estas expresiones pueden ser una oportunidad para recordar a los seres queridos, fortalecer los lazos familiares y reflexionar sobre el valor de la vida.
La Santa Sede señala que “la Conmemoración de los Difuntos es una solemnidad que tiene un valor profundamente humano y teológico, pues abarca todo el misterio de la existencia humana, desde sus orígenes hasta su fin sobre la tierra e incluso más allá de esta vida temporal”.
Añade que “nuestra fe en Cristo nos asegura que Dios es nuestro Padre bueno que nos ha creado, pero además también tenemos la esperanza de que un día nos llamará a su presencia para ‘examinarnos sobre el mandamiento de la caridad’”.
Desde la fe católica es importante distinguir entre recordar a los difuntos y creer que regresan físicamente a este mundo o que necesitan determinados objetos y alimentos para realizar un supuesto viaje. La Iglesia invita a vivir la memoria de los fallecidos desde la oración y la esperanza, no desde el temor ni la creencia de que un ritual puede controlar su destino.
¿Qué es Halloween y qué postura tiene la Iglesia?
Halloween se celebra principalmente el 31 de octubre. Su nombre procede de la expresión inglesa All Hallows’ Eve, que significa víspera de Todos los Santos. Con el paso del tiempo, la celebración adquirió diversas características culturales y comerciales, como los disfraces, las calabazas, los dulces y las representaciones de brujas, fantasmas y otros personajes relacionados con el terror.
No debe confundirse Halloween con una celebración litúrgica de la Iglesia católica, pero tampoco es correcto afirmar que todo disfraz, calabaza o actividad recreativa relacionada con esta fecha constituye por sí misma una práctica satánica.
El criterio de discernimiento está en el significado de la actividad, la intención con que se realiza y las creencias o prácticas que involucra. Así, una celebración recreativa no equivale automáticamente a un acto religioso ni a una adhesión al ocultismo.
Sin embargo, la Iglesia sí advierte sobre prácticas incompatibles con la fe cristiana. El Catecismo, en los numerales 2110 y 2111, explica que la superstición deforma la religión al atribuir un valor mágico a determinadas acciones o signos. De la misma manera, los numerales 2116 y 2117 rechazan la adivinación, la evocación de los muertos, la magia y la hechicería cuando se busca obtener poder sobrenatural o acceder a conocimientos ocultos.
Por ello, no es compatible con la fe católica participar en rituales destinados a invocar espíritus, consultar a médiums, practicar adivinación o buscar protección mediante supuestos poderes ocultos.
Ante la interrogante de si lo católicos pueden participar en celebraciones de Halloween, lo que se recomienda es que pueden discernir sobre su participación en actividades recreativas y culturales que no contradigan su fe, teniendo en cuenta su contenido, su ambiente y el mensaje que transmiten a los niños. Por ejemplo, pueden organizar juegos, convivencias y actividades con disfraces que no promuevan la violencia, el ocultismo o la burla de las creencias religiosas.
Cabe destacar que los padres tienen una responsabilidad especial: explicar a sus hijos qué significan estas fechas, ayudarles a distinguir entre la fantasía y las creencias religiosas, así como evitar que el miedo a fantasmas o espíritus se convierta en una forma de superstición.
Halloween, Todos los Santos y Día de Muertos: ¿Cómo debemos vivirlos los católicos?
Cada año, la coincidencia de fechas entre el Halloween, el Día de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos abre interrogantes entre los fieles. Aunque dichas celebraciones coinciden en el calendario, tienen significados completamente distintos desde la enseñanza de la Iglesia Católica.
Para ayudarnos a distinguir entre una tradición cultural, una celebración de la fe y prácticas contrarias al Evangelio, el padre José Alberto Medel Ortega, miembro de la Dimensión de la Pastoral de la Consolación y Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México, nos ofrece una guía clara sobre cómo debemos comprender y vivir estos días.
1. El sentido católico: La Comunión de los Santos
Lo que la Iglesia celebra el 1 y 2 de noviembre no es una festividad aislada, sino que “se inscribe dentro de la comunión de los santos”. El padre Medel Ortega explica que la comunión de los santos es la unidad del cuerpo santo de Cristo, la Iglesia, la cual se compone de tres realidades:
- La Iglesia triunfante: Aquellos que ya han logrado la meta de su peregrinación y gozan de la gloria de Dios.
- La Iglesia purgante: Quienes van en camino de purificación hacia esa meta.
- La Iglesia peregrina o militante: Quienes todavía estamos en este mundo esparciendo el Evangelio y luchando por la fidelidad a la fe.
Bajo este misterio de unidad, señala el sacerdote, la Iglesia en la tierra recuerda en la fe a quienes ya han fallecido, de esta manera, el 1 de noviembre se celebra a quienes ya gozan de la gloria de Dios (tanto los santos canonizados como los no canonizados que vivieron con fidelidad), mientras que el 2 de noviembre se recuerda a quienes murieron con sus pecados perdonados pero aún se purifican de las penas debidas a sus culpas.
El padre Medel Ortega enfatiza que la Iglesia no celebra ni recuerda a los condenado, ya que solo Dios conoce la conciencia de cada persona en su juicio particular, la Iglesia no tiene certeza absoluta de la condenación de nadie y, por lo tanto, “reza en la esperanza” por la salvación de todos los difuntos.
2. El Halloween, ambigüedad y riesgos
Aunque la palabra Halloween proviene de la víspera del Día de Todos los Santos (All Hallows’ Eve) y originalmente estuvo ligada a la celebración católica, con el paso del tiempo se ha transformado en una fiesta de corte macabro y terrorífico.
Ante ello, el sacerdote exorcista advierte que esta festividad se centra en la muerte misma, en su tragedia, en el sufrimiento y en las almas condenadas o en pena, por ello. figuras como fantasmas y monstruos “reflejan al alma condenada, al alma que vive ya una condena y viene a que otros sufran el terror de su condena”.
“El Halloween… es ambiguo porque efectivamente romantiza el terror, romantiza, aligera la tragedia de la condenación y aunque sea a modo de broma, aunque sea a modo de chiste, aunque sea para divertirse, no deja de ser ambiguo. Y por esa razón… considero que los papás no deberían permitir o incitar a sus hijos a participar en una celebración de esta naturaleza”.
3. El Día de Muertos: Una tradición con alma católica
Frente a los intentos de corrientes secularizadas o anticlericales por “descatolizar” el Día de Muertos vinculándolo exclusivamente con el mundo prehispánico, el también párroco de la Parroquia de Santa María Tepepan es categórico: esta tradición nace y se entiende desde la fe católica.
“Los pueblos prehispánicos no celebraban a los muertos el 1 y 2. Los pueblos prehispánicos no tenían ni siquiera un día de muertos. Ellos no hablaban de almas que regresaban, no les ponían ofrendas, ni mucho menos con este sentido festivo con el que nosotros lo celebramos… No tiene un origen prehispánico, no tiene por ningún lado un origen prehispánico”, asegura.
El culto prehispánico a los muertos, recalca, fue ampliamente superado por la fe católica, la cual el pueblo mexicano supo hacer suya. Así, los elementos de nuestra tradición cobran un sentido profundamente cristiano durante esta celebración:
- La Ofrenda: “La ofrenda es el recuerdo afectuoso de quienes tenemos la esperanza de que no han desaparecido”. No es una creencia herética de que los muertos regresan físicamente a comer, sino una expresión de fe en que la separación es temporal y que un día resucitaremos en cuerpo y alma.
- Sentido Eucarístico: La ofrenda funciona como un símbolo de la Eucaristía: “es una mesa en la que nos sentamos los vivos y los difuntos en el tiempo anhelando sentarnos en la mesa celestial del cielo”.
- Elementos festivos: Las flores, las velas, el papel picado y la música en los panteones hablan de fiesta y de vida, y la vida después de la muerte se llama resurrección.
4. ¿Qué recomienda la Iglesia para evitar supersticiones y falsas creencias?
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia reconoce el valor de las tradiciones de los pueblos, pero señala que deben estar en armonía con la fe cristiana. En su numeral 258, advierte sobre la invocación de los muertos con fines adivinatorios, la atribución de consecuencias especiales a los sueños con difuntos y otras creencias que se apartan de la enseñanza de la Iglesia.
Además, en una carta publicada el 25 de julio de 2025 sobre presuntos fenómenos sobrenaturales vinculados al monte San Onofrio, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe recordó la diferencia entre la evocación de los muertos mediante prácticas espiritistas y la oración por los difuntos, que pertenece a la tradición cristiana de la comunión de los santos.
Esta distinción es esencial: orar por una persona fallecida no es lo mismo que intentar comunicarse con ella mediante un ritual ocultista. La primera práctica expresa confianza en Dios; la segunda busca obtener información, ayuda o poder a través de supuestos contactos con los espíritus.
A partir de estas enseñanzas y para vivir estas fechas en coherencia con nuestra fe, el padre José Medel nos comparte las siguientes recomendaciones:
- Participar en las celebraciones de la Iglesia. Aunque colocar ofrendas y visitar sepulcros es valioso, “lo que mejor podemos hacer por ellos es participar de la Santa Misa y ofrecer el santo sacrificio en sufragio por sus almas” el 1 o el 2 de noviembre, según las posibilidades de cada persona, y dedicar un tiempo a la oración.
- Rescatar la ofrenda familiar: Preparar la ofrenda en casa y explicarla a los niños como una gran catequesis sobre la vida eterna y la piedad cristiana.
- Recordar a los difuntos sin temor. Visitar el cementerio, limpiar las tumbas, colocar flores y rezar por los seres queridos son expresiones de afecto y fe, no obligaciones destinadas a evitar desgracias.
- No atribuir poderes mágicos a los objetos. Las veladoras, imágenes, medallas y otros signos religiosos no funcionan como amuletos que garanticen protección por sí mismos.
- Rechazar prácticas ajenas a la fe: Distinguir claramente estas tradiciones de prácticas nocivas como la superstición, la adivinación, el espiritismo, la brujería o el satanismo, las cuales no tienen relación con el sentido ritual católico.
- Discernir las actividades de Halloween. Valorar si se trata de una convivencia recreativa o si incluye prácticas que contradicen la fe. Si los niños participan en la tradición de “pedir calaverita” o desean disfrazarse, se debe evitar el uso de monstruos o símbolos de muerte. “Disfracen a sus hijos, pero de cosas que no representen terror, muerte o condena, por el contrario, que representen vida, salvación”, pueden disfrazarse de santos o de personajes históricos fallecidos.
- Educar a los niños en la esperanza cristiana. Explicarles que la fe católica no enseña a vivir bajo el miedo a los muertos, sino a confiar en Dios y en la promesa de la resurrección.
- Conservar las tradiciones que favorecen la convivencia y la memoria. Las expresiones culturales pueden vivirse con respeto, siempre que no se les atribuyan significados mágicos ni se conviertan en sustitutos de la fe.
La mejor manera de contrarrestar las influencias ambiguas que vienen de fuera es comprender, rescatar y celebrar con orgullo nuestra auténtica tradición mexicana, la cual es profundamente católica y portadora de esperanza.
¿Qué prácticas relacionadas con estas celebraciones son un riesgo espiritual?
El padre José Medel advierte que, aunque en México el Halloween se celebra de una manera muy superficial o “light”, no deja de ser una festividad sumamente ambigua que puede representar un riesgo espiritual para los fieles. Al centrarse en figuras de fantasía como fantasmas o monstruos que reflejan almas condenadas, esta celebración “romantiza el terror, aligera la tragedia de la condenación”.
El peligro radica en que, incluso presentándose como una broma o diversión inocente, esta ambigüedad manda señales equivocadas y abre la puerta a “perder la esperanza en la vida eterna” y en la salvación que participamos por el bautismo.
Por otro lado, respecto al Día de Muertos, el riesgo espiritual proviene de los intentos de colonización cultural por parte de “movimientos de izquierda, movimientos anticlericales, movimientos anticatólicos” que buscan “descatolizar” la tradición.
Al despojarla de su alma católica, se promueven ideas sin sustento histórico y se sustituyen las imágenes de Cristo, la Virgen o los santos en las ofrendas por calaveras u otros símbolos ajenos. Esto desvirtúa el sentido de la ofrenda, que originalmente nació de la piedad cristiana como una expresión de fe en la resurrección y en la comunión con los difuntos.
Asimismo, el padre Medel Ortega señala que existen prácticas nocivas como la superstición, la adivinación, el espiritismo, la brujería y el satanismo que, aunque no tienen relación con el sentido ritual católico, suelen mezclarse y posicionarse con motivo de estas fechas.
Estas corrientes se contraponen directamente a la esperanza cristiana y a la victoria de Cristo sobre la muerte. Por ello, el sacerdote enfatiza que la mejor manera de protegerse espiritualmente es “comprender, rescatar la tradición mexicana auténticamente católica” y centrarse en la oración y la Santa Misa por los fieles difuntos.
La muerte, una realidad que los cristianos viven desde la esperanza
Las tres fechas pueden coincidir en el calendario, pero no tienen el mismo significado. Halloween es una celebración cultural; el Día de Muertos es una tradición mexicana diversa que permite recordar a los seres queridos; Todos los Santos es una solemnidad litúrgica que celebra la santidad y la comunión con quienes viven en Dios; y la conmemoración católica de los Fieles Difuntos invita a orar por quienes han muerto y a confiar en la misericordia divina.
La enseñanza de la Iglesia no exige despreciar las expresiones culturales ni juzgar automáticamente a quienes participan en ellas. Invita, más bien, a discernirlas y a conservar aquello que favorece la convivencia, el recuerdo agradecido y la solidaridad, apartándose de la magia, la adivinación y las falsas creencias.
En estas fechas, el centro del mensaje cristiano no es el miedo a los espíritus ni la búsqueda de poderes ocultos, sino Jesucristo, cuya muerte y resurrección fundamentan la esperanza de la vida eterna. Por eso, la mejor manera de recordar a los difuntos y celebrar a los santos es vivir la fe con oración, caridad y confianza en Dios.
