+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC
HECHOS
Es una realidad constatada que hay menos vocaciones al sacerdocio, a la consagración religiosa y a la vida contemplativa. Salvo en Africa y en algunas partes de Asia, han disminuido estas vocaciones, también en nuestra patria, aunque no tanto como en Europa. Hay muchos factores que han influido. Quizá nos ha faltado más oración para que el Señor nos las conceda. La mayoría de las vocaciones procedemos de familias numerosas, y hoy ya casi no existen; los que se casan, si acaso quieren uno o dos hijos y no se les ocurre proponer una de esas vocaciones como alternativa de vida. También es cierto que nuestros malos comportamientos clericales son un obstáculo para que alguien se anime a seguir la vocación sacerdotal. Además, los jóvenes se sienten atraídos por trabajos bien remunerados y por carreras con perspectiva de éxito económico; no se les ocurre pensar en entrar a un Seminario, a una Casa Religiosa o a un monasterio de vida contemplativa.
Durante varios años, fui encargado de la pastoral vocacional en Toluca. Estando como obispo en San Cristóbal de Las Casas, con ocasión de mis bodas de oro sacerdotales, recorrimos todas las parroquias en promoción de vocaciones tanto laicales y matrimoniales, como religiosas y sacerdotales. Todos los sábados, por más de un año, junto con el equipo diocesano de pastoral vocacional, integrado por matrimonios, seminaristas, religiosas y sacerdotes, íbamos a las parroquias y dábamos charlas sobre temas vocacionales, además de tener tiempo de oración por las vocaciones. Dios nos concedió más vocaciones.
Cuando escucho comentarios sobre este tema, siempre digo que son necesarias tres cosas para promover vocaciones: la oración al Señor, dueño de la mies, el buen testimonio de nosotros, para que nuestra vida sea atractiva para los jóvenes y, finalmente, una buena organización de la pastoral vocacional. Escribí un libro titulado “Experiencias de pastoral vocacional”, ya agotado.
ILUMINACION
El Papa León XIV dijo a religiosas contemplativas: “El reducido número de vocaciones, en particular, podría empujar a alguien hacia opciones de cierre o repliegue. Intentemos cambiar de perspectiva al considerar esta realidad. Sus aspectos críticos, en efecto, pueden ayudarnos a descubrir o redescubrir potencialidades inesperadas, no tanto en lo que se refiere a las fuerzas numéricas sino a la calidad de la propuesta.
La reducción numérica de las comunidades no debe turbar ni quitar la esperanza, sino más bien impulsar a una renovación de la propia vida y a un compromiso aún mayor en el acompañamiento espiritual de quien llama a las puertas de los monasterios, en hacer crecer comunidades alegres y vivas, en las que experimentar la intimidad con Dios, la afabilidad, la comunión, la autenticidad de las relaciones.
Las vocaciones no nacen de la aplicación de estrategias organizativas, ni de campañas estudiadas en un escritorio, sino de la oración, de la familiaridad con el Evangelio, del silencio” (21-IX-2026).
El mismo Papa dijo a los seminaristas italianos: “Toda vocación nace de un diálogo íntimo con Dios, cultivado en el silencio y la oración, que con frecuencia tiene lugar a pesar del ruido a veces ensordecedor del mundo. Es ahí donde se decide todo, y para que ese diálogo ocurra es necesario aprender a estar con Él” (3-IX-2026).
En su reciente discurso a los obispos de Francia, les dijo: Para que surjan vocaciones sacerdotales, el sacerdote debe ser esperado, acogido y amado, y su identidad —configurada en Cristo— debe ser clara y bien comprendida en el seno del Pueblo de Dios, para la alegría del Evangelio y el servicio de su misión.
Me parece importante mencionar también el lamentable descenso de las vocaciones a la vida consagrada, en particular a la vida contemplativa. He recibido con dolor la noticia del cierre, reciente o inminente, de antiguas y prestigiosas comunidades monásticas que han tenido una gran influencia a lo largo de la historia. Entregar la propia vida al seguimiento de Jesús por un camino tan estrecho supone, además de la obra de la gracia, una generosidad especial, un sólido arraigo en la fe, una vida interior sostenida y una cercanía privilegiada con Él. Estas condiciones se dan con mayor frecuencia en las familias cristianas, que merecen la mayor atención y el más grande apoyo. Sin duda, la profundización y consolidación de la vida de fe en el seno de las familias es una clave que permitirá resolver muchas de las crisis que atraviesan la Iglesia y nuestras sociedades. En efecto, es en el seno de las familias donde se aprende a convivir, a respetar al otro, a aceptar la diversidad, a apoyarse mutuamente, a ser generosos, a entregarse desinteresadamente y a tener espíritu de sacrificio. Quizá este sea el principal reto al que debemos enfrentarnos: ¡Que Jesús viva plenamente en las familias católicas de Francia y las ilumine con su presencia!” (27-X-2026)
ACCIONES
Si queremos que haya más vocaciones consagradas, sigamos haciendo oración para pedirlas al Señor, pues si El “no construye la casa, en vano se cansan los albañiles”; los sacerdotes, seminaristas y religiosas, demos un buen testimonio de que esta vida es un camino de felicidad profunda, pues nada es mejor que “dar la vida” por los demás; que las familias sean educadoras en la fe y en el servicio apostólico. Y que las diócesis cuenten con un buen equipo de pastoral vocacional.
