Amar de verdad puede mejorar tu salud y tu vida
Por naturaleza hemos sido creados para amar y ser amados. Hoy, la ciencia habla de cómo los vínculos humanos pueden mejorar nuestra salud y hacernos vivir más
Hay cosas que no compramos, pero que necesitamos: un abrazo, una conversación sincera, saber que alguien nos espera y se preocupa por nosotros, cuidar de alguien y sentir que también somos cuidados. Amar y dejarnos amar no solo es una experiencia emocional; forma parte de lo que somos como personas y puede tener efectos concretos en nuestra salud.
Durante años, la investigación científica ha estudiado qué sucede con nuestra salud cuando tenemos vínculos sociales sólidos. Los resultados apuntan a algo interesante: las relaciones humanas no solo influyen en cómo nos sentimos, también están relacionadas con distintos aspectos de nuestra salud y longevidad.
Estamos hechos para amar

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Por naturaleza, el ser humano es un ser social y a lo largo de su vida forma vínculos. El Catecismo de la Iglesia en el número 1604, afirma que Dios creó al ser humano por amor y lo llamó al amor, describiendo este como una "vocación fundamental e innata" y en el numeral 2331 dice que Dios inscribe en todos la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión.
Lo bello del amor es que no se reduce únicamente al amor de pareja, también se da entre padres e hijos, amigos o dentro de la comunidad. Amar es vocación humana.
¿Por qué amar y ser amados nos da salud y una mejor vida?
El metaanálisis de Holt-Lunstad y colaboradores reunió 148 estudios con más de 308 mil participantes y encontró una asociación entre relaciones sociales más fuertes y una mayor probabilidad de supervivencia.
Sin embargo, esto no significa que tener pareja o estar rodeado de personas sea una garantía de vivir más. Lo que estos resultados ponen sobre la mesa es la importancia de los vínculos sociales y del apoyo que recibimos de ellos.
El amor no solamente tiene una dimensión que la ciencia puede estudiar. También puede orientar nuestra manera de vivir. En el pensamiento de san Agustín, aquello que amamos ocupa un lugar importante en nuestro corazón y orienta nuestras decisiones. Desde esta perspectiva, amar no consiste solamente en experimentar un sentimiento, sino en aprender a buscar el bien de aquello y de aquellos que amamos.
Si amar hace bien, ¿cómo podemos amar mejor?
La ciencia puede ayudarnos a comprender qué ocurre en nuestro organismo y en nuestra vida cuando contamos con vínculos significativos. La fe, en cambio, plantea una pregunta todavía más profunda: ¿para qué hemos sido hechos capaces de amar? Aquí te compartimos seis gestos que hacen crecer nuestros vínculos.
1.-Escuchar sin distracciones
No siempre necesitamos solucionar los problemas de los demás. A veces necesitan únicamente nuestra presencia y atención. Escuchar a alguien sin ver el celular cada minuto, hace la diferencia.
2.-Hazle saber a alguien que cuenta para ti
Un mensaje, una llamada o un "¿cómo estás?" puede parecer un gesto pequeño, pero mantiene vivo el vínculo.
3.-Cuida a quienes tienes cerca
Preparar comida para alguien enfermo, acompañar a un familiar a una cita, ayudar a un vecino.
4.-Deja que también te cuiden

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Como hemos visto, por naturaleza, el amor no consiste únicamente en dar, sino también en recibirlo. Cuando alguien quiera darte una muestra de cariño o un gesto amable, acéptalo con alegría.
5.-Repara cuando hayas fallado
No somos perfectos y podemos cometer errores; pedir perdón también es una forma de cuidar un vínculo.
6.-Amar más allá de tu círculo
El amor cristiano no se limita a quienes nos caen bien. Jesús nos invita a buscar también el bien de quienes piensan distinto o incluso nos resultan difíciles. Amar no significa aprobar todo lo que hace una persona ni permitir que nos haga daño; también podemos amar poniendo límites y tratando al otro con dignidad.
PONENTE: Pastoral de la Comunicación
FUENTE: Aleteia
